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Ave Musk

Elon Musk es la personificación del supervillano multimillonario y esa es una de las cosas que más me gusta de él. Los villanos no hablan como Steve Jobs o el Kingpin, allí las historietas se equivocan. Los villanos hablan como tú —en un buen día— y el discurso de Musk está milimétricamente fabricado para encantarte con su torpeza. Elon Musk es el niño mimado de los mentecatos, el Gordon Gekko de los geeks, es todo lo que Bill Gates, Richard Branson y Mark Zuckerberg no pudieron ser y es un regalo atestiguar cómo el dinero puede destruir las estructuras de poder y coronar a un nuevo único falso Dios.

Bienvenido

welcome

Era la primera vez que entraba con mi visa Australiana. En el aeropuerto de Perth estaban más preocupados por la comida que traía, que por mi situación legal. La agente de migración selló el formulario, le dio un vistazo a mi visa y selló el pasaporte.

—Estoy migrando —le dije.
Mirada en blanco.
—Uh… ¿Tengo que hacer algo más?
—No… bienvenido.

Eso. Sin ceremonia. Sin revisión secundaria, sin “cuartico”, sin “espere aquí un momento, señor”.

Al día siguiente fui a registrarme en la seguridad social. Llegué temprano porque soy latinoamericano, un novato en esto del servicio. La oficina estaba vacía.

—Hola… —un poco nervioso— estoy migrando y quería registrarme.

Luego de unos minutos intercambiando preguntas y respuestas, tipeando en la computadora, me lanzó esa palabra de nuevo, como una cachetada:

—Bienvenido.

Lo mismo pasó cuando fui a canjear la licencia de conducir —Bienvenido —con sinceridad. Quizás era mi cara de desesperación y sorpresa. Mi cara de huérfano, de náufrago. O quizás es que ellos son así. Pero nunca olvidaré que mientras en mi país estaban felices de que me fuera, en otro que no me debía nada, estaban encantados de recibirme.

Ese poema de Goethe

002M

El otro día pillamos Before Sunrise en la tele y mientras Ethan Hawke citaba a W.H. Auden, me cagué en la película. «Mocoso pretencioso», pensé. Una idea diametralmente opuesta a la que tuve hace veinte años, la primera vez que vi Before Sunrise y me sentí iluminado.

Pensé en que Christopher Nolan hace lo mismo con Dylan Thomas en Interstellar y en cómo me fueron perdiendo a medida que lo citaban una segunda, tercera, ¿cuarta vez? En Interstellar recitan tanto “Do not go gentle…” que el recurso deja de ser una manida referencia pop y se convierte en una pantomima de cultura, una caricatura, parodia, un chiste marigüanero entre libretistas; como Ethan Hawke tratando de impresionar a Julie Delpy o, mejor aun, Robert Downey Jr. fingiendo el esfuerzo por recordar “ese poema de Goethe” en Only You.

No me malinterpretes, yo también usé la poesía para impresionar chicas porque ¿para qué otra cosa sirve la poesía sino para abusar de ella? Yo también fui esa mente impresionable y recuerdo la euforia al haber visto por primera vez Before Sunrise, o Mindwalk, o El Lado Oscuro del Corazón, o cualquier otra de esas películas en las que unos personajes dicen cosas que no había oído antes –y que jamás, jamás, me atrevería a ver de adulto.

Ethan Hawke me hizo pensar que mi simulación de cultura, mi carencia de «cultura verdadera» —sudada y sangrada— ha provocado que las películas con las que alguna vez me identifiqué, envejezcan como lo que son: un tanto ridículas, pretenciosas, simples. Por extensión, mi pasado, mi núcleo, lo que siempre he pensado que está ahí, en alguna parte, sólidamente dirigiendo lo que soy, es también una caricatura.

——

Post-post: La foto es mi momento favorito de toda la película. Una escena a la que siempre vuelvo cuando paseo a horas inhábiles por las ciudades vacías de Mitteleuropa y pienso que lo único que falta es el sonido de un clavecín —como ves, no escapo a lo que soy. Es tarde para esconder carencias.

Post-post-post: Acabo de darme cuenta de que al incluir el nombre de Goethe por primera vez en este blog, aumenté las probabilidades de que gente que no busca lo que aparece en esta página, encuentre esta página. Le gané a Google. Yupi.